Estar ocupada pareciera estar de moda. Y alguien me ha contado -en medio de un taller de productividad que di hace poco- que es sexy y glamoroso.
Confieso que esta perspectiva era nueva para mí.
En el taller hablábamos de estar ocupada versus ser productiva, poniendo el foco en hacerlo desde un espacio organizado y en calma.
Durante una de las dinámicas -y atendiendo un punto que era común a todas las participantes- la conversación se centró en cómo obtener un mejor balance entre la vida personal y laboral, reduciendo estrés y encontrando espacios para no sentirse abrumadas con las “cosas por hacer”.
Estar ocuapada ¿te suena la campana?
Estas son algunas de las frases que iniciaron la conversación:
- “Hace mucho que cuando me preguntan cómo estoy, sólo respondo: ‘cansada’”
- “El tiempo no alcanza para nada”
- “Siempre estoy agotada. El cerebro no me funciona”
- “Hago miles de listas de cosas por hacer y nunca las cumplo. No me da el tiempo”
- “Corro de un lado al otro y nunca tengo tiempo para mí”
- “Siempre soy la última de las prioridades. No puedo ni descansar”
- “¿Comer sano? ¡Ni siquiera tengo tiempo para almorzar!”
- “Duermo mal, el estrés por lo que tengo que hacer no me deja dormir”
- “¡No tomo vacaciones hace años!”
¿Alguna te resulta familiar?
En esa enumeración estábamos cuando una chica que se había mantenido en silencio dijo:
“A mí me encanta estar ocupada. Es como sexy, como glamoroso… Los demás me perciben como ultra ‘pro’, como una mujer que está en todo. Y hoy, para destacar, hay que ser así. No me puedo dar el lujo de descansar, de relajarme y mantengo a mi familia—mis hijos—tan ocupados como se pueda, así se van acostumbrando”.
Mientras más ocupada… ¿mejor?
El silencio reinó en la sala por un minuto.
La balanza se inclinó hacia que hoy pareciera que estar bien, es estar ocupada. Mientras más ocupada parezcas, mejor. Señal de que eres MUY productiva.
Una especie de glorificación del hecho de no tener tiempo…
Aplaudimos todo aquello multi-tasking.
Vamos por ahí contando orgullosos cuánto hace que no tomamos vacaciones o diciendo con una sonrisa, que apenas dormimos unas pocas horas por día… O que almorzamos frente “a la compu”… por mencionar solo algunas posibilidades.
¿Y si nos detenernos por un momento para pensar en quiénes somos y cómo nos sentimos, dejando de lado lo que hacemos y lo que tenemos?
¿Qué tal, pensar y sentir lo que es importante y prioritario en nuestras vidas, y no, en lo que es urgente o convertimos en imprescindible?
Claro que el mundo actual nos plantea muchos desafíos y nos ofrece muchas actividades y posibilidades de comunicarnos…
Y queremos aprovecharlas todas. PERO los estudios demuestran que el estrés constante es un factor de riesgo en la causa de enfermedades e incluso en situaciones que pueden llevarnos a la muerte.
Desde esa perspectiva, creo que es bueno detenernos y no etiquetar como glamoroso o sexy nuestro agotamiento o el no tener espacios para soñar, para jugar (si, incluso los adultos) y para crear.
Te comparto una charla TED en la que Carl Honoré -quien nos habla de Movimiento Slow- , en el que elogia la lentitud, que puede aportarnos luz y perspectiva en este tema (la charla ofrece la opción de subtítulos en español).
9 Tips para navegar un mundo ocupado
Durante el taller compartimos ideas y evaluamos algunas estrategias que quizás te sirvan para crear espacios balanceados en los que parar o ir más despacio, también sea una opción productiva.
Basta de “glorificar” el estar ocupada. Está bien no estar ocupados todo el tiempo. Hacer espacios para el ocio y la diversión. Balancear. Recargar las baterías, dormir, desconectarse cada tanto, tomar vacaciones y hacer cosas que nos alejen de las “ocupaciones”.
No es sexy ni glamoroso caer exhausto por estrés. No es glorioso sufrir burnout por llevar a nuestro cuerpo y mente a un estado de agotamiento absoluto. Y sí. Está bien saberse sano, agradecido, feliz y sentir bienestar.
Hay opciones. Incluida la de decidir cuán ocupada estás. El primer paso para una vida menos ocupada es la decisión consciente de tener una vida más sencilla. Podemos simplificar, buscar y encontrar alternativas… si queremos.
Crea espacios y recreos. Cuando estés trabajando en tu agenda incluye espacios para desconectarte, y recargar las pilas. Agenda tiempos para reconectar contigo.
Preguntas que cuentan. ¿Qué es importante para ti en la vida? ¿Cómo contribuyes al mundo que te rodea, en lo personal y en lo profesional? ¿Cuál será tu legado? ¿Qué echarás de menos el ultimo día de tu vida: Una puesta de Sol al lado de quien amas, o correr de un lado al otro “haciendo cosas?”. Haz una pausa. Hazte preguntas que cuentan.
“No”, es una oración completa. Hay que aprender a decir no. No hay obligación de asistir a todas las invitaciones que recibimos. Revisa tus prioridades. Toma decisiones basándote en ellas.
Deja el trabajo en el trabajo. Incluso si trabajas por cuenta propia, o si teletrabajas. Cumple un horario que deje espacio para ti. Tu vida personal es valiosa. Nutre tu espíritu y libera tu mente.
¿Quién manda a quién? Toma descansos del mundo digital. Desenchúfate al menos un rato cada día. Usa ese tiempo para algo creativo que te guste o para sentarte a ver un atardecer, jugar con tu mascota, hablar con tu familia durante la cena, meditar, ir a una clase de yoga, caminar un rato…
Encuentra paz en el silencio… Reconéctate… Aprende a estar contigo, en armonía… Haz espacio para lo que es importante… Recuerda que “el tiempo no es dinero”, el dinero puedes recuperarlo. El tiempo perdido, no. Valora el tiempo que se te ha concedido en esta vida.


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